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jueves, 26 de junio de 2008

Una España impresionante




España estará 24 años después en la final de la Eurocopa. La Selección se ganó ese billete en un partido impresionante, en una semifinal que tendrán que enseñar en el futuro a todo el mundo con el título: "Señores, esto es fútbol". La exhibición resultó maravillosamente deliciosa, dejó en el olvido cualquier agonía que se presuponía y puso en su sitio, sobre todo, al fútbol español, tan castigado siempre. España está en la final con merecimiento, honra y juego. Tiembla Alemania que viene una apisonadora de fútbol, una máquina perfecta, una delicia de equipo.

Hasta el minuto 10 no tocó la pelota Arshavin. Eso sí, cuando lo hizo dio el primer susto a España, obsesionada con este ángel con cara de niño que lo que esconde es un auténtico demonio, un killer a las puertas del infierno. En ese minuto 10, cuando tocó el balón, llegó Rusia a la portería de Casillas. Lo de antes había sido un torbellino color mostaza. Lo de después, también.

Y es que los de Luis Aragonés salieron al viejo Prater con absoluta determinación, convencidos de su juego, armados del convencimiento de los ganadores. Antes de que Arshavin acariciase el cuero por vez primera, Torres ya había asustado a los centrales rojos con su velocidad y Villa se había plantado delante del portero con animosas ganas de celebrar algo.

Después de que el killer ruso tocase el balón, España se despachó a gusto a lo largo y ancho del campo. Con el balón en los pies, el cuadro de Luis comenzó a circular y, sobre todo, a alternar. Ora toco y me voy, ora tiro desde lejos. Este baile desconcertó a los rusos, que apenas sabían a qué carta quedarse ante tal despliegue.

Lo que faltó a España por entonces fue el gol y lo que le sobró, tristemente, fue la lesión de Villa. La falta del guaje sumió a España en el desconcierto y rompió los esquemas durante unos minutos. Fue entonces cuando se nos puso de todo en la garganta. Pavlyuchenko nos enseñó el camino de la derrota con dos disparos que san Íker sacó con la puntita de los dedos antes de que Cesc compareciese por el desolado asturiano.

Impresionante Cesc

El del Arsenal apenas pudo tomarle el pulso al partido en la primera parte, pero la cuestión estaba bastante clara y así se demostró tras el descanso. Con Torres solo en punta y Xavi al lado de Senna, Fábregas y el superpoblado centro del campo español ofreció una exhibición de las de ovación continua.

Ni olió Rusia el balón en los primeros 20 minutos de la segunda parte, un espacio de tiempo excelso, con Cesc como faro, Iniesta y Silva como flechas y Xavi como goleador. Fue así como llegó el primer gran grito de la noche al funcionar la conexión blaugrana. Un jugadón de Iniesta lo llevó al borde del área donde, con su asombrosa inteligencia, vio a Xavi romper por el centro. El resto fue la suela de la bota golpeando el balón y carreras enloquecidas de los señores de amarillo hacia el banderín de corner.

Pudo España haber roto el partido en ese momento y haberse puesto a pensar en la final del domingo. La exhibición y el control del juego fue brutal, con el grandísimo Fábregas como auténtico dueño de todo. Pero el balón no quiso certificar la superioridad y los ánimos se calmaron. Después, Luis decidió volver al esquema natural, hubo cambio de Javieres (Alonso por Hernández) y Güiza reemplazó a Torres en la función de isla-guía del ataque.

Y fue precisamente el crack del Mallorca el que se encargó de cerrar el partido. Con Rusia volcada ya al ataque, una ofensiva dirigida por Silva encontró en el jerezano la respuesta esperada. Solo en el área, con el portero delante, un sutil toque por encima dejaba el segundo en lo alto y a España en la final. Por si había dudas, Silva marcó el tercero y convirtió al país en una fiesta sin fin. 24 años después, España está en la final de la Eurocopa y varias generaciones llorando de alegría. Por fin.

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